Tan tan tan

harmonyvantassel:

No lo pienso, Noah… No me conoces, dudo que puedas estar seguro de lo que pienso de ti, cuando a duras penas sabes que me llamo Harmony, eso cuando no me llamas: bruja imitación de Pepper Potts—. Musitó reteniendo una risita mientras sus ojos no dejaba de verle con intensidad, detallando sus facciones, leyendo y entendiendo aquel brillo en sus ojos. —Lo soy, sólo dime cómo me puedo ganar tu confianza—. Musitó tranquilamente acercándose hacia él y se encogió de hombros mientras sus ojos resplandecían con una nueva picardía y de una forma meramente juguetona. —Hay muchas formas de castigar paras las cuales no necesitas ser específicamente una carcelera—. Susurra tranquilamente al detenerse extremadamente cerca del chico, sin perder su sonrisa. Con tranquilizad alzó su mano y acarició la mejilla del chico con dulzura al ver aquella mueca aniñada en sus labios. —Puedes controlarme, Noah, pero aun te falta mucho por aprender para que puedas hacerlo—. Susurró tranquilamente cuando se acercó a tomar sus labios en los propios, en un beso dulce y amable, solamente por ser el primero que le daba al chico.

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Pero si eres una bruja imitación de Pepper Potts —dijo por lo bajo sin soltar al oso de peluche. Pensó por unos segundos, ¿cómo ganarse su confianza? Las únicas dos personas que se había ganado sus confianza en la vida, a excepción de su mamá, había sido su mejor amiga en la Academia y Franco, su primo—. Siendo amable conmigo —dictaminó finalmente. Si recordaba, confiaba en esas dos personas porque habían sido los únicos que nunca le dijeron infantil, que le tenían paciencia y que siempre lo trataban bien, jamás habían puesto en duda sus capacidades ni su autoridad sobre sí mismo, confiaban en él, lo que hacía que él confiara en ellos de vuelta—. Si eres amable y confías en mí, puedo confiar en ti —dijo con sinceridad. Vio cómo se le acercaba y se puso tenso, ¿no intentaría golpearlo, o sí? Su papá, cuando Noah era niño, si se acercaba a él era para regañarlo o golpearle. Dio un paso atrás sin apartar la mirada de ella, tenía que estar preparado para correr si intentaba lastimarlo—. ¿Quitándole sus juguetes? —preguntó, ese sería un peor castigo que dejarlo encerrado. Pegó un salto cuando vio que la mano de Harmony se levantaba y se acercaba a su mejilla, había quedado paralizado y no alcanzó a correr. Sin embargo, no recibió ninguna bofetada ni ningún golpe, solo una caricia que lo dejó confundido—. ¿Qué? —inquirió sin entender del todo de qué hablaba cuando sintió los labios de la bruja imitación de Pepper Potts contra los suyos. No era su primer beso, pero sí el primero que le daban. Abrió los ojos sorprendido, ¿qué tenía que hacer? ¿Si la empujaba lo acusaría a su papá? ¿Si le correspondía, lo acusaría también? ¿Y si lo estaba poniendo a prueba? ¿Y si todo estaba planeado por su papá para ver sus reacciones? A pesar de todas las dudas que tenía en la cabeza, no se alejó hasta que sintió que el Señor Edwards chocaba contra el cuerpo de ella. Cuando se separó, dio otro paso más atrás y apartó la mirada, totalmente avergonzado—. ¿Papá te dijo que hicieras eso?

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the endless list of pretty people : Amber

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Tan tan tan

harmonyvantassel:

Nunca he dicho que lo seas—. Musitó con tranquilidad sin dejar de analizar las facciones de su rostro, ampliando su sonrisa al verle aferrándose a aquel oso de peluche. Era demasiado inocente, puro, todo lo contrario a ella, pero sinceramente, le agradaba. —Cuéntame, no va a pasar nada si me lo cuentas—. Susurró antes de que él la interrumpiera con todo aquel discurso que incluso le hizo soltar una risita cantarina, para nada burlona, simplemente una risa pura y natural como no eran estiladas por la rubia. —No le diré a nadie, porque sé guardar un secreto, Noah. Además, aunque no lo creas no dejaría que te castigaran, porque en ese caso al no estar tu padre aquí el castigo lo tendría que poner yo… y no quiero castigarte—. Su mirada en enturbio ante el doble sentido de sus pensamientos y rió un poco nuevamente. —Soy la consejera real. Además, no soy cualquier ser humano, soy una Duquesa, así que, puedes ser el príncipe, pero de cierta forma tengo un poquito más de poder que tú. Ahora bien… ¿Me contarás o continúo mi camino a descansar esperando tener más suerte contigo mañana?

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Pero lo piensas, todo el mundo lo piensa. Creen que no me doy cuenta, que no sé nada, pero sé perfectamente que creen que soy tonto o retardado —dijo con suavidad, sin alterarte esta vez. Lo sabía, sí, y lo tenía asumido, lo que no quería decir que no le molestara que creyeran que era un inútil—. No, no te contaré hasta que me demuestres que eres de confianza —se abrazó más al Señor Edwards y la miró de arriba a abajo, escudriñándola con la mirada y haciendo una mueca para convertirla en una sonrisa—. ¿Tú castigarme? Pero si pareces más una modelo como las que salen en internet que una carcelera, aunque sigues siendo mala por tener mi puesto —admitió asintiendo, convencido de que ella por más linda que fuera, era mala y que le haría cosas malas si le ponía un dedo encima—. ¡Pero yo soy el príncipe! —exclamó haciendo un puchero—. Yo debería tener más poder y controlarte.

Tan tan tan

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—Se sorprendió cuando vio como el chico le sacaba la lengua y le costó bastante no echarse a reír, mientras se cruzaba de hombros mirándole con la ceja alzada. —Pues… a ver, pruébame—. Musitó sin poder evitar la picardía en sus facciones o en su amplia sonrisa, incluso cuando se sorprendió al ver como empezaba a pelear con su ojos de peluche. Lo detalló sin perder la intriga y humedeciéndose los labios se acercó poco a poco a él. —De acuerdo… no diré nada. Pero tienes que contarme de qué estamos hablando o no hay trato, y no creo que sirva de mucho que le digas algo a tu padre.

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No caeré tan fácil en ese truco del ponerte a prueba para contarte todo, no soy tan tonto —le dijo con terquedad y abrazó al Señor Edwards contra su pecho en un gesto de autoprotección. Aún no podía creer que su padre haya dejado a esa mujer a cargo y no a él. Mucho menos dejarla a cargo de él—. No te puedo contar —murmuró de pronto, bajando la mirada—. Si te lo digo, se lo dirás a alguien, estoy seguro. Y me castigarán y me encerrarán y así podrás hacer lo que se te de la gana, pero no te dejaré, porque el príncipe soy yo y tú una… una… ¿En qué trabajas aquí? —inquirió confundido, al no poder recordar realmente cuál era el trabajo de ella a excepción de hacer de niñera—.

Tan tan tan

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—Salió del despacho quitándose el cabello del rostro, cansada de leer tantos documentos y esperando a que todo estuviese en silencio, hasta que escuchó una voz no muy lejos de ella, y vio a Noah caminando como si se escondiera. No pudo reprimir la sonrisa tierna y poco a poco se acercó a él sin hacer ruido y se acomodó a su espalda. —¿Me cuentas a qué jugamos?

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—Dio un salto sorprendido y se giró con brusquedad. Se quedó mirando a Harmony unos segundos y le sacó la lengua—. No, no estoy jugando contigo. Además, no te gustaría el juego —le dijo cruzándose de brazos, sin dejar de mirar hacia todos lados nervioso—.Señor Edwards, silencio… ¡No cuente nada! —gritó de repente y sacó al oso de la mochila, mirándolo con severidad. Suspiró y cerró los ojos—. Bien, debido a que cierto oso, al cual no nombraré, ya soltó todo el plan, será mejor que no digas nada de lo que haremos o te acusaré a papá.

Tan tan tan

Tan tan tan, tan tan, tantantan, tananaaaaaaaaaaaaa —tarareaba Noah con el Señor Edwards a su espalda en su mochila, mientras caminaba pegado a las paredes mirando a todos lados a ver si no venía nadie—. 

¡Maraaaaaaaaaaaaa!

—gritó en medio del pasillo—.

♦FF